La visión de la vida religiosa se refleja en el convento de San Francisco
El convento de San Francisco esconde tras sus muros la vida religiosa, el arte y la arquitectura del Quito colonial. Una imponente puerta de madera da paso al primer patio de estilo colonial, rodeado por altas columnas panzonas y arcos de medio punto. Este es el primero de los siete claustros que conforman el convento edificado en 1535, pocos meses después de la fundación española.
En las blancas paredes de los claustros se muestran restos de algunos frescos de carácter religioso que en el año 1600 fueron cubiertos de cal por temor a plagas y enfermedades. Son evidencia de la mano artística de indígenas que estudiaron en la Escuela Quiteña, dirigida por los frailes de esta comunidad.
Muchas de las obras de arte colonial de esta escuela se exhiben en el museo Fray Pedro Gocial ubicado en uno de los claustros. En el patio del museo una pila bautismal de piedra refleja la mezcla entre la cultura inca y española, debido a su decorado con soles incas y ángeles.
Actualmente 50 frailes viven en el convento y son los únicos que tienen acceso a una biblioteca de 1 472 libros escritos en latín.
Piedras traídas de las laderas del Pichincha y del Antisana fueron el principal material de esta edificación que tardó 70 años de construcción, incluyendo a la majestuosa Iglesia de San Francisco.
Sobre su altar de estilo barroco descansa la Virgen Alada de Quito, esculpida por Bernardo de Legarda. Devotos asisten a una de las veinte misas que se celebran los domingos.