En el norte de la Región Sierra el valle interandino se extiende entre volcanes. A Imbabura se la conoce como la provincia de los lagos. Entre el Mojanda y el Imbabura, muy cerca de Otavalo, está el lago San Pablo.
En su orilla sureste se asienta San Pablo del Lago, la comunidad indígena más populosa del sector. Entre sus habitantes cuenta navegantes de balsa que recolectan totora. Su cosecha se destina a la producción artesanal de las esteras que se venden en la carretera panamericana.
El perímetro del lago se llena de actividades productivas que brindan trabajo a pobladores locales e inmigrantes. En las últimas décadas la producción de flores ha desarrollado varias fincas en San Pablo. La historia del lago edificó algunas haciendas que rescatan sus casas tradicionales para levantar complejos turísticos que buscan conjugar los modos de vida de distintas épocas en San Pablo.
La aguas de San Pablo son escenario para la práctica de deportes acuáticos como el kayak, windsurf, remo, recorrido en bote a motor y nado en aguas abiertas. Cada año, a inicios de septiembre, Otavalo celebra a su tierra y al maíz en las fiestas del Yamor, entre los eventos destaca la travesía a nado del lago San Pablo, a la que concurren deportistas de élite de todo el país.
En el lado noroeste el lago drena sus aguas por la cascada de Peguche, un salto de agua de 18 metros de altura con un significado de sanación y renovación de energía para la cosmovisión andina.
Los helados de paila son una tradición en la ciudad de Ibarra desde 1896. Son helados hechos con jugo de fruta. El proceso de elaboración de los helados consiste en poner el jugo de fruta en una paila de bronce, que a su vez reposa sobre una capa de hielo, sal en grano y paja para evitar que el hielo se derrita.