El pequeño valle andino de Salinas construye, cada día, una historia distinta de economía solidaria y turismo comunitario. Ubicado bajo dos altas cumbres conocidas como Farallones y frente a una blanca montaña de salitre, en Salinas el 80% de sus 10.000 habitantes es parte activa de alrededor de 20 microempresas, basados en recursos propios del sector.
En los 4.440 km de su territorio, el turista tiene acceso a múltiples servicios y puede conocer de cerca cada uno de los procesos de elaboración de diversos productos, además de ser testigo de un sistema de economía justo. Jóvenes guías acompañan al viajero en su visita y le ofrecen asesoramiento en actividades como senderismo, ciclismo de montaña, caminatas a cascadas y lagos. El Grupo de Turismo Comunitario, formado por los pobladores, es el encargado de esta novedosa propuesta.
El recorrido por el poblado se inicia en su pasado -aún presente-, cuando se visita a las minas de sal. En este sitio y desde la época prehispánica, los pobladores extraían el preciado mineral.
La segunda parada obligada es la Quesera El Salinerito donde todos los días desde las 6h30 de la mañana, como hace más de treinta años, llegan campesinos productores de las comunidades cercanas a entregar leche para la preparación de distintas clases de quesos. Este fue el primer emprendimiento impulsado hace cuarenta años por el padre salesiano Antonio Polo, quien inició el desarrollo de un sistema económico que actualmente produce y comercializa productos bajo el sello de esta tradicional marca.
A pocas cuadras de la quesera funciona una confitería de chocolates, turrones y mermeladas. En una hilandería cercana, la cual recibe materia prima de las comunidades del páramo, coloridos ovillos demuestran la gama de sus tejidos hechos a base de lana de alpaca y oveja; una parte de ellos son entregados a la microempresa TEXAL donde pasan a formar parte de un gran catálogo de diseños. Y toda esta frenética actividad comercial jamás se detiene, hongos secos, embutidos, esencias, aguas aromáticas y cremas curativas son parte de un comercio, basado en la cooperación de sus habitantes, que fortalece y enorgullece a Salinas.
Cuando alguna persona llega a Guaranda percibe claramente los sabores y olores del carnaval. En cualquier hogar de la ciudad se puede apreciar el inconfundible olor del sabroso maíz preparado en todas sus ricas variedades: mote, choclos, chigüiles, tamales, que mantienen ese particular sabor a tierra húmeda.